√ Las lagunas froidianas

Las lagunas froidianas

Por Víctor Raúl Huamán
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Una tenue luz nocturna alumbraba su mirada, sus gestos, palabras, oraciones y sus manos, que no tiemblan. Era una noche de garúa fina y fría en la Lima que nunca llueve y era en la casa del Patriarca la cita. “Hola ¿Por cuántos votos perdiste?” le preguntó directamente a Andrés Tello, quien fuera candidato a la Presidencia por la Región Lima-Provincias. “Seis votos compañero” le contesto. “¡ENTONCES ESO FUE UN FRAUDE!”. Lo gritó enojado. Seguramente quiso abrazar a Tello, pero ello era casi imposible. Solo lo tomó del brazo y lo acompañó hasta la sala, donde lo sentó junto a él.

Ya estaban casi todos. Mauricio Mulder se puso de pié y todos callaron para escuchar al Secretario General del APRA. Un encargo que encierra mucho respeto y de historia en la fraternidad aprista. Un encargo que, en muchos casos, ha conocido la prisión y la muerte en los gobiernos de dictaduras manejadas desde la plutocracia. Mauricio habló de Mercedes Cabanillas, allí sentada y emocionada. Luego hablaría ella, agradeciendo a la Célula Parlamentaria y al Comité Ejecutivo Nacional que estaba presente en esa reunión. Era un homenaje y reconocimiento a su labor en el Congreso Nacional como Presidenta.

Entonces habló el Patriarca. Armando era el “responsable territorial” de la reunión. Recordó una página casi olvidada de “Meche”, la incertidumbre del 5 de Abril de 1992 en que asumió la conducción del partido. No era una apología, era el saludo a una de las pocas mujeres en el APRA que “ha logrado la gran responsabilidad de conducir el país desde la Presidencia del Congreso Nacional, faccionado y sin mayoría aprista. Ese es el gran mérito de Meche” dijo el Patriarca.

“Pero hoy también es el cumpleaños de Wilder Calderón” anunció al finalizar. El Congresista por Áncash se sorprendió. Los saludos ahogaron el protocolo y la formalidad. Pasamos al jardín para escuchar los valses en la voz heráldica de Enrique Cornejo, la juventud de Nidia Vilchez con letras que hablan de los huaynos y los cantos del norte lambayecano de Sissi.

Con Tayo y Andrés seguíamos al lado del Patriarca, en una conversación que aparentaba una conspiración de alegrías, provocando unos golpes de riza y la sorprendida mirada de todos los demás. Eran las anécdotas del joven clandestino, del de las balas, de las horas de sangre y sudor, porque no había tiempo para las lágrimas. Era una hermosa lección de la historia del APRA que no se podrá hallar en ningún libro, ni en la mejor conferencia y que los patriarcas no pueden ni deben dejar escrito.

No hubo un gesto de tristeza. Sus relatos iban salpicados de una profunda convicción y sobre todo de satisfacción. En un momento lo miró a Tayo Barreda. “Dile a tu mamá que quiero ir a visitarla”. “No hay problema compañero Armando, cualquier día de estos la traigo” contestó Tayo. “¡No!” contestó severamente el Patriarca. “Ella es una dama y yo tengo que ir”. A un lado Tayo me dijo “pero como sabe de mi madre. Pensé que no la recordaba”.

Nos contó la anécdota cuando fuera deportado por la dictadura de Benavides y como su retorno fue aclamado y celebrada por todos los diarios. Estaba retornando en un barco el equipo del Alianza Lima de Chile, era el famoso “Rodillo Negro”. “Lolo” Fernández, distinguido jugador del Universitario de Deportes, había reforzado al equipo y era uno de los pocos que sabía que un desconocido joven estaba retornando al Perú de polizón, pese al peligro que corría su vida. El entonces Presidente del Perú Benavides, había ordenado a la policía política que lo maten donde encuentren al Secretario General de la FAJ. Cuando arribó al puerto del Callao, Armando vestía un terno prestado por el entrenador de la Selección Nacional. El público que esperaba a los jugadores lo aplaudía, lo abrazaba, lo jaloneaba… y no lo dejaba tomar el taxi que lo debía sacar de tantos policías. Fue una llegada apoteósica y multitudinaria la mía, pero finalmente pude salir y llegué a la casa de un familiar. “Y tu que haces aquí. Tu madre te está buscando” le dijo la tía que lo reprendía fuertemente. El joven asustado apenas tuvo tiempo para decirle: “Si… pero podría prestarme para pagar el taxi”. No tenía ni para comer el clandestino joven Armando.

“Y tu que haces en México” me dijo. “Soy el soldado desconocido, compañero”. La riza fue total y nuevamente sentimos la mirada de todos. Nos explicó del México Laico de Benito Juárez y que Víctor Raúl Haya de la Torre lo tomó como vertiente ideológica para lo del 23 de Mayo de 1923 en que se quiso imponer al Perú el “Sagrado Corazón de Jesús”. No se quiso respetar a los peruanos con otras creencias, como si en el Perú la católica fuera la única religión”. “Haya era agnóstico, pero siempre se le atacó de ateo. Esa fue obra de nuestros enemigos”

- Yo si soy ateo. Dios no existe – dijo Armando-. Si creo en Cristo fervorosamente. Me siento un ateo-cristiano.

- Dios es cuestión de perspectiva compañero – le dije -. César Vallejo en su poema “Masa” afirma que Dios es la voluntad de la humanidad entera.

- Es un poema antifranquista publicado en su libro “España, aparta de mi este Cáliz”. Uno de los mejores de Vallejo. El sacrifica la estética por el compromiso social y la ideología. Muy bueno Vallejo

El Patriarca, de barba blanca y mirada traviesa, también nos habló de Ramiro Prialé: “…un hombre que pocos conocieron su calidad de escultor en madera y su gran vocación de caricaturista. Los hizo por miles, pero ignoro donde puedan estar. Quizás sus hijos lo tengan”.

Había llegado la hora de la despedida y solo hasta ese momento pude entender porque mi padre nos repetía “el tiempo es el peor enemigo del hombre”. Era más de las doce de la noche. La nieta adorada se había parado a su lado con una carita de pocos amigos, diciéndonos con su mirada que terminemos la conversación. El Patriarca se puso de pie pero aún tenía otra revelación. No se quería ir, nosotros tampoco. “Yo le escribí un Soneto a Ramiro”. Se puso a declamarla completa, acompañado de gestos de un actor profesional y movimiento de manos en cada expresión. Era una oración, era el valor intenso que puede significar un canto a su amigo y compañero.

Tuvo que venir su esposa Lucy para decirnos que “ya tenía que descansar”. Al despedirnos Andrés Tello saludó su lucidez y Armando Villanueva, con esa agilidad que siempre lo caracterizó, agregó: “Las lagunas froidianas. Esas son las únicas que toda la vida he padecido”. La riza nuevamente fue total.

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