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WELCOME TO TIJUANA

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WELCOME TO TIJUANA

Por Ariadna Sánchez

 Las estadísticas oficiales dicen que Tijuana es, de los cinco municipios de Baja California, la ciudad más densamente poblada con uno de los territorios más pequeños. Somos el número cuatro en cuanto a distribución territorial, Rosarito es el municipio más pequeño y de él sigue Tijuana. Sin embargo, concentramos la mayor cantidad de población por kilómetro cuadrado, tenemos la mayor cantidad de establecimientos maquiladores de todo el estado, el movimiento migratorio es intenso en esta frontera y, por consecuencia, la ciudad se caracteriza por estar poblada de migrantes con menos de cinco años de residencia en el estado.

Tijuana es el nombre que se relaciona con: maquiladoras, migrantes, narcotráfico, polleros, violencia, secuestros, prostitución. “Welcome to Tijuana, tequila, sexo y mariguana, con el coyote no hay aduana”, diría Manu Chau. “La coqueta Tijuana”, se canta en el corrido de El Cachanilla. Y ni que decir de la leyenda negra que se remonta a los años 20 del siglo pasado y que hacer referencia concreta a los famosos Casinos de Aguacaliente tan visitados, según la voz popular, por el famosísimo Al Capone.

Muchos tijuanenses se van a molestar por las referencias citadas. Tijuana no es, y de eso estoy convencida, la ciudad del vicio y la perdición, ni mucho menos la ciudad de la delincuencia ni del narcotráfico. Tijuana es, simplemente, una ciudad muy transitada con muchos problemas de planeación. Una ciudad tipo de nuestra actual sociedad.

Aquí, en la esquina norte de México, la puerta a Latinoamérica, en esta ciudad donde empieza la patria, la diversidad y la oportunidad son también palabras para definirla. Esta frontera atrae por doble partida: la esperanza de cruzar al “otro lado” y encontrar un trabajo pagado en dólares, o bien la posibilidad de encontrar trabajo de una manera muy sencilla.

Sin embargo, Tijuana no es en estos días el cuerno de la abundancia de México. Con el paso del tiempo el poder adquisitivo y, por consecuencia, el nivel de vida se ve deteriorado por muchos factores. En esta ciudad la vida es cara y los trabajos mal pagados. Y si le sumamos a eso que los gobiernos panistas han ido vendiendo poco a poco los cerros para construir plazas comerciales, o para construir plantas de maquiladoras, o quizás para construir cientos de “pichoneras” (casa Geo, por ejemplo) que te embarcan por 30 años y en las cuales sólo pueden vivir enanos estilo Blanca Nieves.

 

El espacio se reduce con cada día que pasa, los servicios siguen siendo malos y caros, el transporte además de viejo e inservible parece que transporta costales de papa y no seres humanos, las calles parecen calles lunares con tanto cráter, el caos vial ya no se reduce a horas pico, y la contaminación generada por maquiladoras y autos sin papeles pinta el cielo de gris. Además de eso añadiré que aquí no llueve mucho, que nuestra presa se está vaciando, que nuestras playas están contaminadas y que todo se quiere cobrar, hasta la respiración.

Y con todo esto sigo sin entender por qué la gente de aquí sigue diciendo que estamos bien, que Tijuana no es Oaxaca, y que aquí no hay de qué quejarse. Una amiga muy querida y cercana, panista y católica por cierto, está pasando por una crisis económica provocada por la desgraciadez de los gringos quienes le quitaron el permiso de trabajo y el pasaporte a su esposo. Una familia que vivía del trabajo en Estados Unidos ahora está en crisis porque ese mismo trabajador en Tijuana está desempleado, y aunque encontrara aquí un trabajo similar al que realizaba en EUA jamás se podría comparar los salarios.

¿Entonces? ¿Es que quizás la crisis del neoliberalismo poco a poco nos alcanza? ¿Y qué sucederá cuando se construya el mentado muro y la fila para cruzar la garita sea no de 200 autos por línea, sino de 500 o 700 (como ya se han dado casos)?

No. Tijuana empieza a conocer la pobreza y la mala administración y distribución de los recursos que hacen los panistas. Los tiempos de cielos azules se van perdiendo, no por la contaminación, sino por una ola amarilla que inició el pasado 2 de julio.

La resistencia en Tijuana, y en todo Baja California, tiene mucho trabajo por realizar. Empezando por la defensa de nuestro patrimonio, nuestras costas habitadas por residencias propiedad de los gringos, nuestras Islas Coronado que quieren convertir en “gasera”, nuestras zonas turísticas que están siendo concesionadas a bajo precio, nuestros trabajadores agrícolas del Valle de San Quintín quienes viven en condiciones ínfimas y con derechos laborales pisoteados, nuestros trabajadores de maquiladora, nuestra educación superior a un paso de estar totalmente privatizada.

Aquí, en “la coqueta Tijuana”, la resistencia civil pacífica tiene mucho que defender. Y ya empezamos.

CONTRA LA AGRESIÓN AL PUEBLO, LA CONCIENCIA

CONTRA LA AGRESIÓN AL PUEBLO, LA CONCIENCIA

Por Isabel Morales Quezada

 

Noam Chomsky dijo “Es la responsabilidad de los intelectuales hablar de la verdad y revelar las mentiras”. La opinión de Carlos Monsiváis sobre los resolutivos de la Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos acerca de la violencia ejercida por la PFP y por grupos paramilitares contra integrantes de la APPO y contra el pueblo en general, es un ejemplo de la forma en que un intelectual puede revelar a la sociedad la realidad que se ha intentado ocultar a través de los medios de comunicación, radio y televisión principalmente. Pero aparte de la responsabilidad de los intelectuales (que debo aceptar muchas veces me han decepcionado) está la responsabilidad que tiene el pueblo con su propia gente, y el informe de la CCIODH es un recordatorio y una prueba más de que se cometieron graves abusos contra la población oaxaqueña, y es también, un testimonio de que para el gobierno de Felipe Calderón, la única forma de solucionar los problemas es la represión.

 

Violar los derechos humanos y creer que todo seguirá su curso como si nada hubiera sucedido es un grave error, pero si queremos que esto no vuelva a suceder, debemos estar conscientes de que la violencia contra la población existió tanto en Oaxaca, como en Atenco, dos sucesos muy cercanos en tiempo, dos sucesos que demuestran que cuando la fuerza se impone sobre la razón y el diálogo, lo único que sucederá es que mucha gente sufrirá abusos, vejaciones y un trato injusto. Porque el trato que se les dio a los detenidos fue violento desde el momento en que fueron capturados; además de que se detuvo a personas, inclusive menores de edad, tan sólo por haber sido encontrados en el lugar de los hechos.

 

Estamos regresando a la época de la guerra sucia, cuando la gente era detenida, golpeada e incluso asesinada o desaparecida sin justificación alguna. Pero aunque el gobierno de Felipe Calderón actúe al más puro estilo del PRI, el pueblo no es el mismo y los movimientos populares como la APPO, demuestran el cambio, la evolución o revolución que se está dando en partes considerables de la población. Ante los abusos del gobierno actual, la fuerza más importante es el pueblo, pero no sólo el pueblo oaxaqueño, que es el que ha sufrido directamente las agresiones, sino todo el país; se necesita una revolución de conciencia para que nuestra voluntad sea respetada en vez de ser pisoteada.

 

Felipe Calderón cree que mediante la fuerza y la mano dura restablecerá la paz en Oaxaca, pero ¿qué más grande paradoja que ésta?? Los testimonios de las mujeres y hombres que fueron violados, golpeados, y privados de su libertad sin motivo alguno, nos hacen ver que la represión y la “mano dura” están lejos de ser la solución que nuestro país requiere. Tenemos no sólo la libertad, sino la responsabilidad de manifestarnos en contra del gobierno opresor, debemos pensar en que las víctimas del conflicto en Oaxaca siempre fueron de lado del pueblo. El gobierno ha tratado de disolver un movimiento mediante las armas y sin atender los justos reclamos de la población. Ulises Ruiz continúa como “gobernador” y hasta declara que la tranquilidad ha vuelto a Oaxaca. Pero aún con todas estas acciones, los que están en el poder no han logrado detener las protestas y la inconformidad de la gente se ha acrecentado.

 

La declaración de Florentino López, vocero de la APPO nos confirma que aunque las acciones represivas tienen como fin causar temor y desunión en la población, no lograrán frenar la fuerza de un pueblo cansado de las injusticias pero que ante éstas ha decidido despertar: “Es un proceso de reconstrucción, se va a reflejar en la megamarcha y en la asamblea estatal de la APPO que se realizará los días 10 y 11 de febrero”. Entonces la lucha sigue, y mientras más informados y conscientes de la realidad estemos, nuestras probabilidades de obtener logros serán mayores.